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También los diletantes tienen a veces ideas capaces de sorprender al más exigente. Pero, a diferencia del artista, suelen olvidar que la idea no es más que un requisito previo, y en muchos casos sólo una tentación que puede llevar al abismo. Lo que cuenta de verdad es saber qué posibilidades de desarrollo contiene una idea, sentir cuándo es el momento de convertir en realidad una de esas posibilidades, y, si ese momento, por condicionantes externos o internos de cualquier tipo, nunca llega, tener el valor de repudiarla como a un hijo desnaturalizado.
-- Arthur Schnitzler, Viena, 1862 - 1931
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